Nuestro Lema para este Año

“Porque nuestro Dios, en su gran misericordia, nos trae de lo alto el sol de un nuevo día, para dar luz a los que viven en la más profunda oscuridad”.

Lucas 1:78-79

Reflexión Bíblica del Día

03/05/2021

Ven Espiritu Santo, soplo de Dios viviente, y llevate este corona-virus de muerte

   Mayo es el mes de la Fiesta de Pentecostés. Celebramos y rememoramos la venida del Espíritu Santo a los discípulos encerrados y temerosos que al recibir esa fuerza de Dios, salen de sus miedos a proclamar en distintas lenguas el evangelio de Jesucristo resucitado. Nace la Iglesia, es un nuevo tiempo.

   El Espíritu Santo es Dios, una energía transformadora (simbolizada en llamas de fuego) que ayuda a la comunicación, el encuentro y la interacción humana con el universo todo. En la Biblia son variadas y maravillosas las características y aproximaciones al Espíritu que se nos enseña.

   Así la Espíritu (porque en hebreo bíblico es femenino=la ruaj) es el aliento o el soplo de vida que infunde Dios al ser humano creado del barro para darle vida. Mientras respiramos, vivimos, y tenemos el espíritu divino en nuestro cuerpo-templo de ese espíritu.

   Esa energía vital, comunicante, nos relaciona a su vez con todo. Es como el aire que respiramos, que no podemos retener, sino compartir con todo ser viviente. Son las plantas y árboles que renuevan el aire en nuestro planeta.

   En el Antiguo Testamento las atribuciones más bellas de la humanidad son posibilitadas por el espíritu. Así la sabiduría, la búsqueda de Dios, la expresión artística, la profecía, la fortaleza, todo simbolizado en ese paradigma de los huesos secos que son revestidos de carne y vida mediante el espíritu. (Ezequiel 37)

   En el Nuevo Testamento la energía vital comunicante funde al Padre con el Hijo. Así podemos hablar de espiritualidad, que es compañía, protección, misericordia, consuelo, aún en la más terrible y dolorosa soledad y sufrimiento como la de la cruz.

   Jesús resucitado vuelve al Padre, pero no nos deja abandonados, sino que nos provee el espíritu consolador, defensor, dador de vida, de derecho y de voz, dador de palabra que estremece, y de enseñanza que nos revela el misterio y don más profundo y hermoso que la gracia de Dios nos ha provisto: la fe en la resurrección.

    El Espíritu –nos hace ver también el Apóstol Pablo- es el dador de dones que construyen la comunidad cristiana y la fraternidad en el mundo. Los dones que nos brinda el espíritu a cada unx, son virtudes, valores y capacidades que todxs poseemos para dar solidariamente. Los dones del espíritu son energía vital y comunicante que construye comunidad por medio del amor y produce el encuentro y solidaridad con el prójimo y con la creación toda.

   Sin espíritu seríamos todavía piedra. Con espíritu podemos llegar a ser humanidad en plenitud, podemos amar. El amor es la comunicación perfecta, la energía vital compartida, el encuentro de las soledades, que sólo es posible mediante el espíritu.

   Pero debemos admitir nuestra pobreza espiritual. Este virus de muerte Covid 19, que como todo virus no tiene vida propia, necesita de nuestra vida para actuar. (Y esa es su mayor debilidad). Este virus vino a golpearnos en ese aliento de vida, en nuestra respiración, en esa energía vital. Por eso es tan dañino. Rompe la comunicación humana. Nos obliga a sospechar del otrx como peligro portador. Nos obliga a aislarnos. El covid 19 destruye el espíritu vital que nos intercomunica.

   Por eso necesitamos del Espíritu Santo, de esa energía vital, de ese aliento de vida para que termine esta pesadilla. Oramos al dador de la Espíritu para que sople fuerte este Pentecostés y nos limpie como humanidad de ese peligro y esa fuerza destructiva.

 ¡Ven Espíritu de vida en Pentecostés! ¡Ven soplo de Dios! ¡Sánanos y haznos mas espirituales y menos materialistas, más solidarios y cuidadores del prójimo!                              

Rubén Yennerich – pastor Parroquia Centro y Belgrano