Nuestro Lema para este Año

Al que tuviese sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

Apocalipsis 21,6

Reflexión Bíblica del Día

11/03/2019

"Se lo han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto"

Esta frase es parte del relato de Pascuas de Resurrección en el evangelio de Juan y la dice María Magdalena cuando encontró vacío el sepulcro de Jesús.

Creo que cada uno de nosotros puede llegar a una situación donde dice eso: “Me lo han robado a mi Señor”. Puede ser que hayamos conocido las historias de Jesús cuando éramos niños, y las escuchábamos de boca de nuestras madres o en la Escuela Dominical o en las clases de confirmación. Pero después crecimos, empezamos a conocer otras cosas, esas historias se fueron opacando. En Navidad y en Pascuas tratamos de revivir esos recuerdos. Pero es pasado. El tiempo “se lo ha llevado al Señor y no sabemos dónde lo ha puesto”.  Lo que recordamos con cariño es un tesoro, sin duda. Pero sigue siendo nostalgia, recuerdo de emociones pasadas. Puede ser también que los golpes de la vida, desilusiones, fracasos, pérdidas, experiencias de muerte nos llevaron a apartarnos poco a poco de la fe. A lo mejor otros cristianos han contribuido en eso, nos defraudaron, no transmitieron con su vida lo que profesaban el domingo... La duda y la resignación se instalaron, no encontramos respuestas. Lo que pasa en el mundo con sus injusticias y crueldades, todo lo que el ser humano es capaz de hacer sufrir a otros nos puede llevar a que digamos desconsolados: “nos han robado a nuestro Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Puede ser que vayamos -por costumbre- a la iglesia pero como María Magdalena que fue sepulcro a visitar al Maestro muerto.

A veces cuando estamos solos con nosotros mismos podemos llegar a rogar para que nos devuelvan a ese Señor que nos han quitado...  

Pero el evangelio no termina aquí. Porque María Magdalena tiene un encuentro con el Cristo resucitado. No lo reconoce, porque Jesús está transformado. Es el mismo, las huellas de su sufrimiento están aún en su cuerpo, pero al mismo tiempo su cuerpo se ha transformado misteriosamente. Pero hay otra razón por la cual no lo reconoce: cuando se da un encuentro con el Cristo viviente sucede algo totalmente diferente. Porque ese Cristo que vive, nunca será el mismo que el Jesús de nuestros recuerdos, aunque sean recuerdos de lo más lindos. ¡Es la diferencia entre los recuerdos de emociones pasadas y ¡vida presente! Es la diferencia entre un pasado estático y un presente dinámico. Es la diferencia entre una foto y la persona real.

La palabra utilizada en griego para decir resurrección es "anístemi", y en el griego era utilizada para significar el despertar o el levantarse refiriéndose a personas que están dormidas o acostadas en el suelo. Pero este término también se utilizaba para referirse a las revoluciones políticas, cuando un pueblo se sublevaba, se levantaba o hacía una insurrección contra los poderosos que lo oprimían.

Al hablar de la resurrección de Jesucristo debemos tener presentes estos dos sentidos. Cristo se despierta, se levanta, y se subleva contra el pecado y la muerte. Jesucristo produce una insurrección contra el pecado y la muerte y contra toda situación que la provoque. Y éste es el sentido de la Pascua inaugurada por Cristo, el paso de la muerte a la vida. Pascua de Cristo que es nuestra Pascua: "En la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su Resurrección todos resucitamos".

En Pascuas, Dios venció definitivamente la muerte en todas sus formas. La muerte está muerta. Mientras los discípulos tenían de esto un conocimiento teórico, nada sucedió en sus vidas. Cuando Jesús le aparece a María Magdalena, él mismo resucita en su vida. El hecho de que la tumba estaba vacía todavía no significa Pascuas. La tumba vacía es ambivalente. Puede significar que Cristo resucitó o que hayan robado su cuerpo. La resurrección no sucede en un lugar determinado que podemos visitar, convencernos, juntar pruebas. Cuando el resucitado entra en nuestras vidas, realmente resucitó para nosotros. Esto significa que ya nada tiene que ser como siempre. ¡Cristo vive! ¡La vida puede más!