Nuestro Lema para este Año

...pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

Ezequiel 36,26

Reflexión Bíblica del Día

20/12/2017

Navidad es el mejor mensaje

No tenemos ninguna foto de Jesús. Ni de bebé, ni con María y José y sus hermanos, ni una grupal con sus discípulos. Me parece genial, porque me puedo imaginar lo que haríamos con esas fotos: se haría todo tipo de publicidad; se venderían en todos tamaños, colores, para diferentes ocasiones y lugares de la casa o iglesias; se retocarían, con el photo-shop es fácil “arreglarlas” de modo que de un original tendríamos fotos de todas las edades y las situaciones de su vida y de su muerte.

Pero aparte del comercio religioso, pasaría algo más serio aún: como las fotos transmiten un momento de la vida, pero no la vida misma, Jesús en su foto estaría atrapado en un instante preciso, archivado, pasado…, ya fue, ya está.

Pero sí, hay fotos de Jesús, miles y millones. Como no las tenemos impresas en papel, tampoco podemos archivarlas como un recuerdo pasado. ¡Tenemos fotos vivientes! Porque las tenemos impresas en los rostros de todas las personas del mundo, de nuestra ciudad, nuestro barrio, nuestra iglesia. Cada cara es una foto de Jesús.

Él hoy sigue pobre como en Belén en todas las personas que no tienen un techo. Huyendo a Egipto y viviendo como extranjero, en todas y todos aquellos que son desplazados y víctimas de la xenofobia. Oculto en Nazaret como lo son miles de personas a quienes no se les tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones sobre sus vidas. Él está allí, llorando la pérdida de un amigo como cuando murió Lázaro, en las familias y comunidades donde la violencia puso fin a la vida de un ser amado. Él sigue pidiendo un poco de agua como en el pozo de Samaria, en los barrios con las napas contaminadas o donde el acceso al agua es privilegio de gente pudiente. Él en este momento está representado en algún ser humano profundamente conmovido, pidiendo al Padre que el cáliz del sufrimiento pase de largo como lo hizo Él en el Huerto de los Olivos, como los que esperan horas interminables y llenas de angustia en los pasillos de los Hospitales. Perseguido y torturado, sufriendo injusticias como en el Calvario en todos aquellos que sufren tratos injustos y discriminatorios.

Pero también lo vemos, gozando con sus amigos en una boda y regalando el vino para que la alegría de la fiesta no se termine, en las comunidades que comparten penas y alegrías y que -a pesar de todo- ríen, cantan y sueñan.  Sigue compasivo, como en Naín cuando le devolvió la vida al hijo único de una viuda, en las personas solidarias que hacen suyo el dolor ajeno. Lo vemos profundamente agradecido por el gesto cariñoso de una mujer desconocida que derramó perfume sobre su cabeza, en aquellas personas anónimas que transforman su dolor en acción valiente y generosa a favor del que sufre. Él también está presente con el poder de su Resurrección donde la alegría llega a quienes están tristes, la paz toca los corazones abatidos, la fuerza y el odio no pueden contra el amor y se instala un firme compromiso por la VIDA, cuyo poder trasciende toda frontera, incluso el de la misma muerte.

La foto de Jesús impresa en los rostros de los humanos. Miramos esos rostros y lo vemos a Él. 

Misterio de la Navidad. Misterio de la Encarnación. Dios con nosotros. Dios entre nosotros.   

Que todos tengamos un bendecido tiempo de Adviento y de Navidad, gozando de la presencia de ese Dios que se hizo totalmente solidario con sus seres humanos, pase lo que pase, en la alegría y en la pena.